Álvaro de la Parra Fundación Jiménez Díaz

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Para luchar contra este riesgo, el Programa del Paciente Frágil se basa en tres pilares. La identificación precoz de los pacientes que más riesgo tienen de presentar deterioro es el primero de ellos. El programa se inicia cuando el paciente llega a Urgencias y tiene que ingresar en el hospital. En ese momento la enfermera de Urgencias determina cuál es su situación funcional en el domicilio mediante la aplicación de la escala de Barthel. Si el resultado de esa valoración entre 30 y 70 (dependencia leve-moderada), el paciente es incluido en el programa. Álvaro de la Parra Fundación Jiménez Díaz

El segundo paso es aplicar una estrategia específica para evitar el deterioro funcional en el paciente. “Todos lo que hemos pasado por un hospital como pacientes nos hemos dado cuenta de que siempre implica una adaptación a unos horarios (medicación, comidas, horas de sueño…) que no son los que la mayoría de las personas tenemos”, señala Martínez Peromingo, añadiendo que “esto que en una persona joven no deja de ser una molestia, en una mayor puede producirle un perjuicio, por lo que hemos tenido que adaptar nuestra forma de trabajar a nuestros pacientes, y no al revés”. Álvaro de la Parra Fundación Jiménez Díaz

De esta forma, se favorece el descanso nocturno modificando (siempre en consenso con el equipo médico) los horarios de administración de la medicación, la toma de muestras, constantes y otros cuidados que suelen realizarse última hora de la noche o a primera hora de la mañana; se promueve la continencia con programas de micción programada, acompañando a los pacientes al cuarto de baño cuando lo precisan; se realiza la higiene diaria del paciente en el baño y no se hace uso de los pañales en pacientes continentes. Álvaro de la Parra Fundación Jiménez Díaz

En este apartado, también se previene el deterioro funcional a través de un programa de movilidad por turno, incentivando a los pacientes a caminar por la unidad -y a sus familiares o cuidadores a acompañarlos- en cuanto su situación clínica lo permite. “En el convencimiento de que la movilidad de los pacientes es una constante más, hemos instalado unas tabletas en cada cama y, al ingreso del paciente, se le coloca una pulsera de monitorización que se vincula a estas tabletas, transfiriendo a la historia clínica los pasos que anda el paciente, la frecuencia cardiaca y las horas de sueño diariamente”, relata el especialista. Este sistema, que aprovecha las nuevas tecnologías en beneficio de la salud, sirve de motivación al paciente, sobre todo para la movilidad -continua-, y ha conseguido que todo el personal haya normalizado la inclusión de la actividad física y su medida como parte fundamental del tratamiento de los pacientes”. Álvaro de la Parra Fundación Jiménez Díaz